DDHH | Las sospechas de H.I.J.O.S

Domingo, 23 Septiembre 2018 21:00

La muerte del médico neonatólogo Eduardo Halac, en la madrugada del jueves, al caer en un pozo de agua en su casa del barrio Rivera Indarte de Córdoba puede pasar desapercibida, como así también su calificación como “muerte dudosa” por parte del fiscal Ernesto de Aragón. No debe ocurrir. Para HIJOS regional Paraná es “inmensamente sospechosa”.

“Justo cuando la pista de Córdoba como posible destino del Melli Valenzuela Negro se hace pública, el médico muere de forma extraña”, denuncian. Como no creen en las casualidades, desde HIJOS recuerdan que “en la clínica de la familia Halac se formaron en neonatología los socios del IPP acusados por la retención y ocultamiento de los mellizos. Esto nos hace recordar al militar Paul Navone, que apareció suicidado en la misma provincia el día que debía prestar declaración indagatoria por estos mismos hechos”. El comunicado de HIJOS exige “una investigación a fondo de la posible vinculación de la muerte de Halac con la apropiación del Melli”.

Todo esto ocurrió en una semana crucial en el juicio en el que es querellante Sabrina Gullino Valenzuela Negro, quien recuperó su identidad el 23 de diciembre de 2008. “¿Dónde está el Melli?”, es la pregunta que sostienen día a día los organismos de derechos humanos en el proceso oral y público a Miguel Torrealday, David Vainstub y Jorge Rossi, tres médicos propietarios del Instituto Privado de Pediatría de Paraná, por la apropiación de los hijos de Raquel Negro y Tulio “Tucho” Valenzuela.

El jueves pasado, en un careo con Sabrina, la enfermera Stella Maris Cuatrín repitió que el niño fue llevado a Córdoba, está bien y es profesional. El rompecabezas de este proceso, que deja al descubierto la responsabilidad civil durante la dictadura, también permite vislumbrar una trama densa.

Negro y Valenzuela fueron secuestrados el 2 de enero en Mar del Plata, estuvieron cautivos en la Quinta de Funes, cerca de Rosario. El simuló colaborar, se escapó y denunció en México el plan del entonces jefe del Comando del II Cuerpo de Ejército Leopoldo Galtieri para matar a la cúpula montonera. Ella quedó como rehén, dio a luz a los mellizos en el Hospital Militar de Paraná y fue asesinada. Los mellizos fueron trasladados al IPP, donde fueron anotados como Soledad López y NN López. Según declaró el represor Eduardo Costanzo en la causa Guerrieri (donde se investigó la privación ilegítima de la libertad de los militantes y la desaparición de Raquel), a la mujer la mataron y la niña fue llevada, el 27 de marzo de 1978, al Hogar del Huérfano de Rosario, donde fue abandonada por dos integrantes de la patota del Ejército. Esa pista permitió llegar a Sabrina, en diciembre de 2008, quien había sido adoptada de buena fe por una familia de Ramallo.

La restitución de la identidad de Sabrina se dio en el marco de la investigación en instrucción por los delitos de lesa humanidad cometidos en el Hospital Militar de Paraná. Navone había sido el jefe de ese hospital en el momento de los hechos, debía declarar en febrero de 2008, pidió una prórroga y en el medio apareció muerto. “Adopto esta decisión como el mejor camino para mí”, escribió en una carta dirigida al juez.

“Tucho no era cualquier militante montonero para ellos. A mi mamá Raquel la secuestraron el 2 de enero, nosotros nacimos el 3 de marzo, tuvieron dos meses para decidir qué hacer con ese bebé, en esa época no se sabía que eran mellizos hasta poco antes de nacer. A ella la hicieron ir a dos controles. No la estaban cuidando a ella, si después la mataron. Estaban cuidando al embarazo”, reflexiona en diálogo con Página/12 Sabrina Gullino Valenzuela Negro. En el segundo control, Raquel le promete a Jaime Dri que se escaparan a su vuelta, pero no la vuelven a llevar a la Quinta de Funes. “Está 15 días internada –anotada como sobrina de Galtieri– en el hospital Militar de Paraná. Nacemos, a ella se la llevan, los dos bebés quedamos en terapia intensiva. Navone era el teniente coronel que era el jefe de toda esa parte del hospital de Paraná”, rememora Sabrina, que está inmersa en la investigación, en la búsqueda de su hermano y todavía conmocionada por esta nueva muerte que le permite vislumbrar que si bien el juicio contra los propietarios del IPP es una pieza importante en su búsqueda, hay algo más grande en juego. En esta cadena de responsabilidades, en septiembre de 2008, siempre con el juicio de Hospital Militar de Paraná en marcha, Juan Zaccaría, que había sido el responsable de la terapia intensiva en esos días de 1978, había aparecido en su celda, con apariencia de haberse querido ahorcar con un cinturón, pero vivo. A la directora del hospital donde lo internaron le dejaron una amenaza. “Decile que se salvó en la cárcel, pero en el hospital lo vamos a hacer mierda”, era el mensaje.

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