Historia

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Una historia de lucha.

“Señor Director de El Diario: Los abajo firmados ex empleados del Telégrafo Gower-Bell, rogamos a Ud. inserte en las columnas de su apreciable diario lo siguiente. Hemos visto en varios diarios de la mañana que se nos había despedido de nuestros empleos, lo cual es al contrario. No hemos sido despedidos son que hemos renunciado nuestros empleos por no queremos pagar el sueldo que pedíamos.”

La carta incluía las formalidades de la época. Estaba firmada por nueve hombres (Rafael Daleci, David Aguirre, Marcelino Agudin, Isac Anguita, Arturo Loveira, Ricardo González, Carlos Lovatto, Guillermo Mac Grath  y Manuel Silva) y fue publicada por La Prensa, en octubre de 1883. La telefonía daba apenas sus primeros pasos en la Argentina y ya había estallado el primer conflicto gremial: los empleados de la empresa Gower-Bell habían decidido renunciar a sus empleos en respuesta al rechazo patronal a sus reclamos de aumento de salarios.

Compromiso y dignidad.
La empresa intentó reemplazar a los operarios con nuevos empleados pero se encontró con decenas de quejas de los usuarios: el conocimiento de los nueve renunciantes no era reemplazable. Y debió echarse atrás: los nueve rebeldes fueron reincorporados y recibieron el aumento exigido. El hecho, curiosamente, pasó inadvertido durante muchos años e, incluso, no fue incluido en la primera historia del gremio telefónico que se publicó en la segunda mitad de la década del treinta. Pero es un buen ejemplo de lo que serían los 130 años posteriores: el compromiso de los trabajadores con su dignidad no era negociable.

En los años siguientes, la telefonía protagonizó un veloz crecimiento, acompañando la explosión urbana provocada por las migraciones. Y al mismo tiempo, se sumaban otros episodios protagonizados por los trabajadores telefónicos: reclamos salariales en 1887, una protesta en 1896 y un intento de huelga, que no llegó a concretarse, en 1904. Pero en 1907, se produce la primera gran protesta de los trabajadores telefónicos.

Para entonces, la telefonía seguía dando pasos agigantados de la mano del esfuerzo de los trabajadores: obras impactantes como el tendido de cables a través de la cordillera de los Andes o la conexión con Uruguay (la primera subacuática del mundo) demuestran el protagonismo de los trabajadores en esa evolución. Pero aún así, los telefónicos seguían siendo rehenes de prácticas indignas.

Las telefonistas de la Sección Once (que funcionaba en Pueyrredón, entre Rivadavia y Bartolomé Mitre) de la Unión Telefónica deciden iniciar un reclamo por mejoras en sus condiciones laborales. Las telefonistas se enfrentaban, día a día, a una áspera rutina: jornadas de doce horas, estrictas medidas disciplinarias y sueldos paupérrimos se sumaban al maltrato que debían enfrentar de parte de los clientes, que solían culparlas cuando las comunicaciones no podían establecerse. El administrador de la Unión Telefónica, Jacobo Parker, recibió el reclamo y midió fuerzas con las veinte trabajadoras. Ellas sabían que contaban con el apoyo de muchos usuarios, pero necesitaban sumar a su causa a los trabajadores de otras secciones. No lo consiguieron. Parker, frente a esta situación, decidió despedir a ocho de las veinte telefonistas. El golpe fue duro, pero dejó algunas lecciones: en el futuro, nada sería posible sin unidad. Poco después de los sucesos de la Semana Trágica, el 2 de febrero de 1919, se funda la Federación Argentina de Telefonistas. Después de una primera protesta exitosa, la Unión Telefónica inició una campaña de captación de trabajadores desleales a sus compañeros y consiguió, en poco tiempo, que ese primer intento gremial quedara descabezado. En diciembre de 1920, un grupo de telefonistas de tendencia anarquista fundan la Sociedad de Resistencia de Telefonistas, que no logró consolidarse y que abrió paso a una década muy oscura para los intereses de los trabajadores: mientras el negocio crecía a pasos agigantados, los derechos laborales se reducían a su mínima expresión.

La llegada de las multinacionales
En 1926, desembarca en la Argentina la poderosa multinacional de las comunicaciones International Telephone and Telegraph (ITT), que en sus primeros tres años en el país logra quedarse con el dominio completo de la telefonía argentina. Al mismo tiempo, un grupo de jóvenes trabajadores telefónicos comienza a hacer un trabajo gremial desde la clandestinidad.

En tiempos en los que el control de la patronal era férreo y cualquier acción militante significaba el despido inmediato, fueron muchos los que –a pesar de eso- se atrevieron a seguir adelante para luchar por los derechos de todos. Entre ellos, se destacaba Luis Gay, la figura más importante de la militancia telefónica en sus primeros cincuenta años de historia. De a poco, a través de documentos que se distribuían, fue posible reagrupar nuevamente a los trabajadores telefónicos. Así, se llegó al 26 de junio de 1928, cuando se creó la Federación de Obreros y Empleados Telefónicos (FOET).

La sindicalización
Luis Gay se dedicó a propiciar la creación de sindicatos telefónicos en todo el país. De este modo, poco antes de la caída de Hipólito Yrigoyen, en 1930, los telefónicos santafesinos llevaron adelante una extraordinaria lucha de 74 días. Ya en tiempos de la dictadura, en 1932, los trabajadores de FOET fueron protagonistas de una huelga histórica: 52 días. La lucha fue durísima. Contra las continuas provocaciones y despidos de la Unión Telefónica, los trabajadores llevaron  adelante medidas de todo tipo, desarticulando por completo las comunicaciones en la Argentina. A tal punto, que en una audaz acción, lograron incomunicar a la Casa de Gobierno. Gay, despedido desde  hacía tiempo, siguió siendo el líder indiscutido en años muy duros.

En la segunda mitad de la década del treinta, cuando el movimiento obrero argentino se divide, Gay se destaca como referente de la Unión Sindical Argentina (USA). Ya en 1944, en un intento por agrupar a los sindicatos telefónicos de todo el país, se funda la Federación Obrera de Telecomunicaciones de la República Argentina (FOTRA), que será protagonista del ascenso y llegada al poder del por entonces coronel Juan Domingo Perón.

Gay es un hombre clave en los sucesos que desembocarán en la histórica jornada del 17 de octubre de 1945 y, posteriormente, será uno de los fundadores y referente principal del Partido Laborista, la estructura política que acompañó a Perón en su llegada al poder. Sin embargo, pronto aparecieron roces entre los dirigentes laboristas y Perón. Gay fue la víctima principal del enfrentamiento.

Elegido como Secretario General de la Confederación General del Trabajo, Gay representaba a los sectores de la dirigencia sindical que pretendían defender la autonomía de los gremios frente al poder de Perón. El reordenamiento decidido por el presidente terminó con sus aspiraciones políticas y llevó a la intervención del sindicato telefónico. Prácticamente al mismo tiempo, Perón tomaba una decisión histórica: la nacionalización del servicio telefónico.

Perón y los telefónicos.
El 18 de marzo de 1948, Perón firma los convenios que incorporan a los teléfonos al patrimonio del Estado, a través de la EMTA (Empresa Mixta Telefónica Argentina), que un año más tarde sería reemplazada por Teléfonos del Estado, luego de que el gobierno peronista constatara el nulo interés de los empresarios de invertir en el negocio. Es un momento cumbre en la historia de la telefonía y del devenir de los trabajadores. Será, además, el inicio de la etapa más extraordinaria de la telefonía argentina: en pocos años, Argentina se consolidará como un líder absoluto en América Latina en prestación del servicio telefónico.

Desde entonces, el gremio telefónico comienza su recuperación. El 20 de abril de 1950 se crea la Federación de Obreros y Empleados Telefónicos de la República Argentina (FOETRA), que obtiene la personería gremial el 16 de junio de ese año. La normalización de las organizaciones gremiales telefónicas se completa con la elección del primer Consejo Directivo Central de FOETRA, que tenía a Jesús Arias como presidente, a Oscar Cheroni como vice y a Raúl Carou como secretario. Con la caída de Perón, se producen cambios dramáticos para el gremio y para la empresa.

Creación de ENTEL y la resistencia peronista.
En enero de 1956, la Revolución Libertadora crea la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTel). Los dirigentes telefónicos de extracción peronista son perseguidos y encarcelados y el sindicato queda en manos de militantes de izquierda aliados de la dictadura. Sin embargo, la resistencia peronista comienza a organizarse y en 1957, el gremio telefónico vive una de las páginas más gloriosas de su historia. Contra todas las dificultades, lleva adelante una huelga por mejoras salariales que conmueve al país y promueve la participación de otros sindicatos. Los trabajadores telefónicos son reprimidos y el sindicato pierde su personería gremial.

Aún así, los trabajadores continúan su lucha y, pese a que finalmente terminan las acciones por la presión del gobierno, dejan claro que –aun en un tiempo en el que los trabajadores se enfrentaban a un gobierno enemigo de sus aspiraciones- era posible plantear un escenario de enfrentamiento y lucha por los derechos obreros. En 1958, comienza la normalización del sindicato, que se va a perfilar, desde entonces, como una organización de claro perfil combativo. Asimismo, se crea FOETRA Buenos Aires, que comienza a tener un rol protagónico en las luchas telefónicas. Juan José Jonch, Agustín Cuello, Allan Díaz y Héctor Mango son algunos de los referentes de diez años de lucha en varios frentes. Por un lado, contra las dictaduras y los sucesivos intentos de romper la unidad del sindicato a través de organizaciones pretendidamente gremiales, manejadas por la patronal y destinadas a minar el espíritu de lucha de los trabajadores. Por el otro, son los trabajadores telefónicos protagonistas en el esfuerzo por conseguir el regreso de Perón y en los enfrentamientos internos de la CGT.

Nuevos dirigentes, más resistencia sindical.
En 1968, se erige la figura de un dirigente joven, proveniente de los Talleres Ciudadela: Julio Isabelino Guillán. El será una de las caras destacadas de la CGT de los Argentinos, un emblema de la resistencia sindical argentina. Pero además, el sindicato telefónico plantea con firmeza su oposición a los diferentes –y todavía tibios- intentos de privatización periférica.

En la década del setenta, los trabajadores telefónicos están claramente identificados con las luchas populares. Antes y después del regreso de Perón, FOETRA deja claro cuál es su lugar en los enfrentamientos de los dirigentes sindicales: lejos de la burocracia. Y esa determinación será duramente castigada por la dictadura de 1976, que encarcelará y provocará la desaparición de decenas de trabajadores telefónicos.

Perdidas todas las conquistas trabajosamente conseguidas con años de lucha, los telefónicos seguirán adelante. Pese a la cárcel que sufren sus principales referentes, los trabajadores de ENTel deciden poner en marcha un plan de lucha en 1977, a pesar de la feroz represión que sufren todos los movimientos sindicales, por la defensa de la jornada de siete horas. En silencio, pero con firme decisión, miles de trabajadores se retiran de sus puestos luego de cumplir la séptima hora de trabajo.

La dictadura pretende, en un principio, restarle importancia a la protesta, pero cuando se hace evidente la fortaleza de los trabajadores, actúa brutalmente, despidiendo a tres mil trabajadores, algunos de los cuales fueron secuestrados semanas más tarde. Con el gremio en manos de dirigentes cómplices del poder, los trabajadores aún resisten y, desde la clandestinidad, luchan por la empresa estatal.

Embestida privatizadora.
A comienzos de los ochenta, vuelven a la carga contra la privatización llave en mano de las centrales. La Guerra de Malvinas detiene este proceso, pero los trabajadores ya han decidido recuperar su liderazgo. Con el regreso de la democracia, Guillán retoma el control del sindicato, pero para muchos, su discurso ha cambiado: más moderado, se acerca a sectores de la burocracia sindical e, incluso, del gobierno radical.

FOETRA Buenos Aires,  vive momentos de mucho debate. Y mucho más cuando en 1988 el ministro Rodolfo Terragno anuncia un acuerdo con Telefónica de España para la creación de una empresa de comunicaciones de propiedad mixta. Los telefónicos se movilizan intentando convencer a una sociedad que ha sido seducida desde muchos sectores por el discurso de la supuesta eficiencia que prometen los operadores privados. La empresa es claramente saboteada para favorecer el discurso privatista.

El plan de Terragno fracasa frente a la oposición peronista, pero en 1989, con la llegada al poder de Carlos Menem, el proceso privatizador se profundiza. Menem designa a María Julia Alsogaray como interventora de ENTel y le da órdenes claras: la empresa debe ser entregada en tiempo récord. De este modo, la privatización del servicio telefónico –un proceso plagado de irregularidades, antes, durante y después del traspaso a manos privadas- se convierte en un emblema de cómo el menemismo destruyó el Estado.

Menemismo y genocidio telefónico.
En 1989, el gremio telefónico se divide. Por un lado, un sector de dirigentes –parte de los cuales ya habían negociado con la última dictadura- se une fervorosamente a Menem y es beneficiado con un abanico de negocios vinculados a la entrega de los teléfonos. Julio Guillán también se suma a este acuerdo, es incorporado como funcionario del gobierno menemista y, desde ese lugar, pretende su reelección como secretario general de FOETRA Buenos Aires.

Pero en noviembre de 1989, en una histórica jornada precedida por meses de conflictos judiciales, Héctor Esquivel, un antiguo dirigente del gremio, encabeza la Lista Celeste y Blanca y vence a Guillán. El sindicato, entonces, comienza un duro enfrentamiento contra la privatización que, durante 1990, paraliza al país. El gobierno responde quitando la personería al gremio y despidiendo a centenares de trabajadores. Cuando llega el final del conflicto, el menemismo –que ha invertido enormes recursos para derrotar a los trabajadores- sabe que tiene las manos libres para acabar con el Estado. El golpe es duro para los trabajadores. Tanto, que se produce una atomización de las fuerzas de los militantes, lo que posibilita, en 1993, el regreso de Guillán al comando del sindicato. Los años siguientes son negros para los derechos de los trabajadores.

Son los tiempos del “genocidio telefónico”, el plan de aniquilación de trabajadores más extraordinario de las últimas décadas. Con dirigentes cómplices de las empresas y extraordinariamente enriquecidos, los trabajadores sufren toda clase de maltratos e intentos de que abandonen sus empleos.

Recuperación del sindicato.
En ese entonces un grupo de militantes decide reagruparse para recuperar el sindicato y, de ese modo, reorganizar la lucha. En 1997, la Azul y Blanca, con Osvaldo Iadarola como Secretario General y Claudio Marín como Secretario Adjunto, recupera el gremio. La situación con la que se encuentran es caótica. En un principio, se les impide acceder al gremio. Luego, cuando lo consiguen, se encuentran con que el desmantelamiento ha sido total.

Sin edificio, con la Federación nacional en contra y las empresas sosteniendo el acuerdo con los dirigentes vinculados al menemismo, la conducción de la Azul y Blanca comienza la reconstrucción del gremio apelando, fundamentalmente, a métodos pocos tradicionales (por ejemplo, ollas populares, escraches y tomas de edificios burlando las custodias policías) para la militancia sindical: la clave es recuperar la presencia en la sociedad y demostrar la importancia de la pelea por los derechos de los trabajadores. Las empresas privadas ya han demostrado que el paraíso prometido en 1989 no es tal.

La conducción de FOETRA Buenos Aires decide en 1999 dar un paso crucial: romper con la Federación nacional. Desde entonces, las luchas se concentran en la recuperación de los derechos de los trabajadores telefónicos a través de la reposición del Convenio Colectivo, el reconocimiento de los tercerizados, el final de los contratos basura, la defensa del Fondo Compensador –que es recuperado y saneado por y para los trabajadores-, la construcción de un nuevo edificio para el sindicato, la recuperación de espacios fundamentales para los trabajadores como el Complejo Calfucurá, la defensa de los intereses de los trabajadores en paritarias (FOETRA Buenos Aires fue el primer gremio en conseguirlo), la conformación de una nueva federación nacional a través de FATEL, la constitución de un Instituto de Capacitación de alto nivel, etc.

Argentina Conectada
En los dos últimos años, una vieja aspiración de la conducción de FOETRA Buenos Aires, se hizo realidad: la puesta en marcha de un plan como Argentina Conectada, tendiente a terminar con la brecha digital, definida por Osvaldo Iadarola como “una expresión que hace referencia a la desigualdad socioeconómica entre aquellas comunidades que tienen accesibilidad a Internet y aquellas que no”.

Fundamentalmente, se ha podido hacer todo eso respetando la vocación democrática que ha caracterizado al gremio telefónico a través de su historia. Respetando los principios de pluralidad e independencia ideológica, ha sido posible recuperar la identidad y la dignidad de los telefónicos, sin renunciar a su historia y a sus tradiciones.

En tiempos en los que muchos tienden a descreer de la fuerza transformadora que tiene la unidad, los telefónicos hemos demostrado que podemos seguir apostando a cambiar nuestra realidad trabajando juntos, haciendo respetar nuestros derechos y sumando a las nuevas generaciones. Porque nuestra historia de lucha renueva su sentido y se potencia en cada nuevo trabajador que comprende la importancia de hacer su aporte individual para el bienestar del conjunto.